Es importante empezar primero viendo de qué estamos hablando cuando hablamos de “creencias”, y es que estás son parte fundamental de nuestro ser humano ya que nos constituyen como tales al punto de definir en gran medida nuestra forma de interpretar las cosas, incluso diría que están tan enclavadas dentro nuestro que condicionan y sesgan en muchos casos casi completamente nuestra interpretación sobre nosotros mismos, los demás, la vida y todo el mundo que nos rodea. Las creencias a su vez constituyen nuestras culturas y a su vez éstas las constituyen, esto significa que al surgir las creencias desde una cultura particular también están condicionadas a un determinado territorio geográfico que a su vez puede estar internamente dividido en sub-territorios o regiones y así seguir dividiéndose en espacios geográficos más reducidos (lo que nos dice por ejemplo que la cultura base de un país está constituida a su vez por diferentes culturas dependiendo su ubicación geográfica dentro del mismo; siguiendo el mismo sentido esto resulta también en una diversidad de creencias dentro un mismo espacio geográfico). Entonces “las creencias” (en su distinción conceptual más amplia y genérica) que incorporamos en nosotros desde que nacemos se dan primero desde lo que aprendemos de nuestros padres (quienes pueden o no coincidir con sus creencias dependiendo por ejemplo donde nacieron; dentro un mismo país o región o departamento o ciudad u otro espacio territorial, incluso otro país) y luego de lo que vamos aprendiendo e incorporando en los diferentes sistemas organizacionales en los que participamos a lo largo de nuestras vidas (aquí vamos conviviendo con otras creencias similares o diferentes a las que aprendimos de nuestros padres dependiendo sí seguimos viviendo en nuestra “tierra” o nos vamos para otras regiones dentro del mismo país o finalmente a otro país o países). Nuestros padres también aprendieron de sus padres (y así en una cadena relacional que constituye nuestro pasado y antepasados pioneros de nuestras creencias) y de dichos sistemas organizacionales con las mismas creencias o creencias similares (u otros sistemas organizacionales con creencias diferentes si fuese el caso), todos en éste caso propios de un mismo lugar geográfico (o si fuese el caso de diferentes lugares geográficos, igualmente aplicaría una determinada cultura base por cada lugar geográfico) desde el que se remite una determinada cultura “base” que se constituye en sí misma por una forma particular de convivencia de un grupo humano particular originario de dicha geografía y que a través del tiempo ha ido construyendo en base a sus propias vivencias y experiencias; diversas creencias que son visibles para todos a través de sus particulares prácticas recurrentes y hábitos, y formas de ver (interpretar, juzgar, entender, comprender, suponer) y hacer las cosas (ejecutar continuamente conjuntos de acciones similares y relacionadas entre sí). Cada creencia establecida en consenso con un mismo sentido y propósito. Las cuales se han replicado de generación en generación; trasladándose en rigor en el trasfondo humano interpretativo detrás de esas formas de actuar propias de cada creencia, grupos de juicios “eslabones base o pilares” que tienen que ver en líneas generales con una dualidad primaria que en sus extremos podríamos distinguir entre “lo permitido y lo prohibido” “lo aceptable y lo inaceptable” “lo posible y lo imposible”. Poniéndolo en términos pragmáticos nuestras creencias nos significan fundamentalmente “límites” en nuestras formas de actuar, es decir, delimitan lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer. En último término; las diferencias que nos distinguen como seres únicos y válidos están constituidas en buena parte, a partir primero y definitivamente de nuestra forma “particular” de interpretarlas, por esas creencias “particulares” que pueden o no acompañarnos toda nuestra vida y desde las cuales nos abrimos posibilidades o nos cerramos posibilidades para cambiar y mejorar continuamente a nivel personal y relacional…y finalmente, «si nos lo permitimos», vivir y convivir a plenitud y en bienestar.
¿Qué tipo de creencias podemos distinguir en los seres humanos?…Ahora nos toca analizar las creencias pero ya no de forma genérica sino más bien de forma específica y detallada. Para esto necesitamos basar la tipología de las creencias en los siguientes juicios “base o pilares”; primero tenemos un juicio base en el que evaluamos desde un grupo o conjunto determinado de creencias que “ampliamos” continuamente nuestras formas de actuar (No nos aferramos a las formas de ver y hacer que conocemos, validamos y aprendemos de formas de ver y hacer diferentes), cuestionamos y desafiamos permanentemente lo que podemos hacer “haciendo ahora lo que antes nos era imposible hacer”, se trata de creencias que “nos abren posibilidades” en nuestras vidas y relaciones para seguir avanzando y concretando esos futuros que deseamos vernos…Entonces, aquí podemos distinguir un primer “grupo tipo” de creencias que podemos denominar “Creencias Poderosas o Facilitadoras o Transformadoras”. En segundo término tenemos otro juicio base en el que evaluamos desde un grupo o conjunto determinado de creencias que “limitamos” continuamente nuestras formas de actuar (nos aferramos a las formas de ver y hacer que conocemos, invalidamos y nos cerramos a aprender de formas de ver y hacer diferentes), nos enfocamos solo en lo que podemos hacer dentro de los límites establecidos y en lo que “no podemos hacer” en forma repetitiva, no existen cuestionamientos ni desafíos a lo que podemos hacer ni mucho menos a lo que no podemos hacer “lo imposible de hacer seguirá siendo imposible de hacer”, se trata de creencias que “nos cierran posibilidades” en nuestra vidas y relaciones para ser quienes “realmente” queremos ser y llegar hasta donde “realmente” queremos llegar (digo “realmente” ya que cuando estamos sumergidos en este tipo de creencias en rigor me parece que estamos llenos de más inconsciencia y ceguera cognitiva sobre nosotros mismos, sobre quiénes somos y qué es lo que queremos conseguir en nuestras vidas)…Entonces, aquí podemos distinguir un segundo “grupo tipo” de creencias que podemos denominar “Creencias Limitantes o Cegadoras”.
¿Qué son las Creencias Limitantes?…Son creencias que reducen significativamente nuestra capacidad de escucha de nosotros mismos y de los demás, aquí solo escuchamos lo que queremos escuchar si es algo diferente a lo que creemos simplemente no existe y efectivamente si hay algo aquí que no existe es la escucha de otras creencias diferentes y en muchos casos antagónicas a las nuestras. Además; este tipo de creencias es caldo de cultivo para la arrogancia en donde nos creemos dueños de la verdad y desde aquí juzgamos que nuestra creencia que nos remite a una particular forma de ver y hacer las cosas en una determinada área o áreas de nuestras vidas, es la única y encima la mejor de todas. Y desde lo anterior nos sentimos con “autoridad infundada” (¿Quién eres tú para juzgar otras creencias, otras formas de ver y hacer las cosas…para juzgar a los demás?) para invalidar y descalificar (juzgar con diferentes adjetivos calificativos en muchos casos expresados en forma peyorativa como por ejemplo; malo, incompetente, nocivo, destructivo, negativo, peligroso, peor, desastre, otros) creencias diferentes, formas de ver y hacer diferentes…en último término deslegitimizar otras formas de vivir, convivir y hacer sentido de la vida. En resumen; podemos concluir que este tipo de creencias “limita” nuestra capacidad de interpretación sobre las cosas en las que no creemos y más relevante aún, reduce significativamente nuestra disposición y capacidad para el aprendizaje de lo desconocido (de aquello que se encuentra fuera de los limites de nuestras creencias) que en rigor nos remite al aprendizaje transformacional (Autoaprendizaje) que es el camino que se abre ante nosotros cuando desde la humildad elegimos vivir para cambiar y mejorar continuamente como seres humanos a nivel personal y relacional…Camino que por cierto desde estás creencias, no existe. Y ¿Cuáles son algunas de las principales creencias limitantes que reconocemos en nuestras culturas?…Como referencia genérica mencionaré algunas creencias “históricamente” limitantes (no necesariamente limitantes para todos, una determinada creencia para uno puede ser limitante mientras que para otro esa misma creencia puede ser transformadora, en definitiva si es o no limitante remitirá a la forma como cada uno ha interpretado o interpreta cada una de sus creencias), las cuales en su mayoría han surgido desde los orígenes de nuestra humanidad como por ejemplo; las religiosas (diferencias religiosas), políticas (diferencias políticas), étnicas (diferencias raciales), sociales (clases, estratos sociales), económicas (nivel de ingresos, estatus), regionales (costa, sierra, selva, otros), de género, etapas biológicas de la vida humana, preferencias sexuales, laborales (clases laborales, estructuras organizacionales), académicas (educación superior, técnica, otros), apariencia física, tipos de hábitos personales y organizacionales, entre otros. Como podemos ver existe una gran variedad de creencias limitantes que remiten a las diversas áreas y aspectos de la vida humana, en las que se hacen evidentes grandes diferencias que remiten a su vez a diferentes mundos interpretativos en los que vivimos los humanos. Y son justamente esas diferencias (en muchos casos históricas) que a partir de «caer en las manos” de las creencias limitantes nos hemos convertido y seguimos convirtiendo en “agentes desintegradores y destructores de la convivencia humana” a un sobrecosto muy elevado para la humanidad que puede medirse con mucha tristeza en los millones de millones de muertes causadas entre humanos, en el dolor y sufrimiento en extremo excesivo con el que se han forjado nuestras culturas aún en muchos casos todavía inmaduras e inconscientes en gran medida, en la miseria y crueldad humana mostrándonos las sombras “más oscuras y vacías” del alma humana hacia otras almas humanas, en la incompetencia humana a nivel personal y organizacional para gestionar con eficacia sus emociones y estados de ánimo, en la profunda ceguera cognitiva humana que nos llena de incapacidad para convivir desde la humildad de los aprendices infinitos que viven para seguir mejorando continuamente y finalmente en la ausencia notable de sabiduría de nuestra humanidad “a pesar de toda su experiencia histórica y aprendizajes incorporados” para vivir y convivir en consensos de respeto y validación que generen contextos de bienestar que a su vez sepamos vivir y disfrutar a plenitud sin ninguna necesidad de socavarlos o sabotearlos.
¿Qué posibilidades nos cerramos en nosotros y en nuestras relaciones cuando vivimos solo desde y para nuestras creencias limitantes?…
- Nos cerramos al empoderamiento; al dejar el poder de ser quienes queremos ser y llegar a donde queremos llegar, fuera de nosotros. El poder de ser protagonistas de nuestras vidas se los dejamos a nuestras creencias y nos volvemos espectadores a la espera que desde éstas se nos abran posibilidades y se nos den las cosas que nos queremos ver.
- El camino del Aprendizaje Transformacional y Autoaprendizaje no existe como posibilidad. No reconocemos nuestra condición fundamental humana de ser aprendices infinitos desde la que vivimos para cambiar y mejorar continuamente. Dicho de otra forma; no vivimos para seguir mejorando con lo que perdemos un sentido de vida que es clave para la supervivencia humana en el futuro, de alguna u otra forma estamos dejando de existir. En último término; desde este lugar nos cerramos al crecimiento personal y relacional, y nos cerramos también al cambio organizacional y cultural.
- Nos cerramos a posibilidades de colaboración con puntos de vistas de diferentes u otras perspectivas de ver y hacer las cosas para construir y generar progreso y bienestar.
- Perdemos la posibilidad más fundamental que tiene que ver con el propósito máximo de la existencia humana, que es el de vivir y convivir a plenitud y en bienestar. Lo que nos remite a los pilares base de la convivencia humana como seres sociales que somos, los cuales son vivir y convivir desde el respeto mutuo, validación de la diferencia, humildad, amor, confianza, valores, integridad, armonía, responsabilidad, colaboración, integración, beneficio mutuo y en último término parados con rigurosidad sobre el dominio de la ética.
¿Cuáles son las principales consecuencias que tenemos para nuestra vida, cultura y país cuando elegimos vivir aferrados a nuestras creencias limitantes?…
- Ser promotores de la Desconfianza en forma sistemática y a nivel generalizado desde dentro de su cultura, país y organizaciones; socavando desde lo individual a lo colectivo y a su vez desde lo colectivo a lo individual, los fundamentos básicos para una convivencia saludable, constructiva y productiva que nos abra posibilidades en nuestras vidas para el crecimiento, progreso y bienestar.
- Caer en una convivencia basada en la Arrogancia desde donde nos creemos dueños de la verdad, no existe escucha de lo diferente, nuestras creencias son la únicas y encima las mejores, no existen otras formas de ver y hacer las cosas, cualquier perspectiva diferente se ve como una amenaza y se descalifica hasta el punto de salirnos del dominio de la ética. Desde este lugar no existe el respeto mutuo ni validación de otras formas de ser y hacer en la convivencia, se tiene el propósito de tener todo bajo control y no dejar ser a los demás. Aquí la consigna es tener el poder sobre los demás y sobre creencias diferentes a la nuestra para eliminar potenciales amenazas y al final solo resuene nuestra voz que finalmente resulta ser la voz de nuestra(s) creencia(s) limitante(s); entonces desde aquí la estrategia se resume en el “divide y vencerás” inyectando desconfianza como un virus por todos los sistemas organizacionales humanos, desintegrando y destruyendo la convivencia constructiva y productiva, saboteando el progreso y generando más sufrimiento.
- Llegar a vivir nuestras creencias limitantes en extremos emocionales como lo son el odio, rabia y resentimiento desbordado (deseos y declaraciones de venganza), lo que desencadena en el fenómeno humano conocido como “fundamentalismo” desde donde solo se generan acciones destructivas entre humanos y cuyos sobrecostos históricos los conocemos como lo han sido por ejemplo las guerras por diferencias religiosas, étnicas, políticas, económicas y sociales que han producido en nuestra humanidad destrucción, muertes, crisis mundiales, pobreza, hambrunas, dolor y sufrimientos que aún nos siguen acompañando ¿Hasta cuándo?…
- La discriminación generalizada generada entre humanos por elegir ser y hacer desde creencias diferentes y muchas veces antagónicas. En donde al vivir nuestras creencias limitantes desde matices emocionales con mayor presencia de la cólera y miedo en intensidades muy elevadas al límite del desborde o ya desbordadas se generan acciones inefectivas-destructivas que vienen acompañadas con deseos e intenciones de agredir y hacer daño o incluso hasta destruir a aquellas personas que tienen creencias que nosotros invalidamos y descalificamos muchas veces despectivamente y despreciativamente. Entonces; aquí desde esa invalidación de lo diferente, la convivencia humana se minimiza a un relacionamiento basado en discriminaciones puestas en forma indiscriminada entre humanos que al juzgarse diferentes simplemente dejan de existir para el otro.
- Vivir y convivir poseídos por estados de ánimos en niveles desbordados y destructivos (alimentados por juicios y pensamientos negativos hacia lo diferente y opuesto); como el resentimiento, odio, rabia, miedo, pánico, ansiedad, angustia. Desde los que surgen a su vez en viceversa pensamientos y juicios relacionados con el sentirnos perjudicados e invadidos por la otra forma de ser y hacer. Creer además que por culpa de lo diferente y opuesto vamos a perder (me van a quitar todo lo que tengo, humano y material) nuestro posicionamiento, presencia, poder, derechos, dignidad, integridad, espacio, trabajo, estudios y todo lo que hemos logrado. Aquí nos sentimos también trasgredidos y amenazados casi acorralados contra la pared llegando incluso al “no hay margen, o es él o yo” como poniendo nuestra supervivencia en juego (matar o morir). Convivir con lo diferente y opuesto es inaceptable e imposible, así que mejor me voy a otra cultura – país (y sí hubiese la posibilidad de irme a otro planeta, donde firmo, me voy antes que convivir con «el enemigo»).
- Ser fuentes continuas de generación de sufrimiento humano; al seguir viviendo y conviviendo para “seguir” generando sufrimiento, destrucción, desintegración e invalidación. Temprano o tarde terminaremos auto-destruyéndonos y nuestra cultura – país estará condenada a desaparecer por nuestra incompetencia humana individual y relacional para la convivencia saludable, constructiva y productiva.
- Paralizar, entrampar y detener sistemáticamente el progreso y bienestar de las organizaciones, cultura y país. Desde el juzgar con arrogancia que nuestra creencia o creencias son las únicas y encima las mejores, no hay opción, si no es con nuestra creencia entonces no existe posibilidad de cambio y mejora. Aquí socavamos o saboteamos a la creencia diferente y opuesta que tiene la posibilidad de liderar el progreso y bienestar de la cultura – país, entonces desde este lugar la convivencia humana se reduce o minimiza al “no comes ni dejas comer” “como yo no lidero, no te dejo liderar”.
¿Qué obstáculos tenemos que superar para que las creencias limitantes no interfieran con el crecimiento personal y relacional, y con el cambio organizacional y cultural?…
- El impacto negativo y destructivo que tiene en nuestras acciones y resultados, el cómo estamos viviendo y «des-controlando» nuestras emociones y estados de ánimo desde el aferramiento enceguecido a nuestras creencias limitantes; y el gran riesgo (además del sobrecosto) que representa el que los humanos en convivencia no seamos aún competentes a nivel personal y organizacional para gestionar con eficacia nuestras emociones y estados de ánimo.
- La Resistencia al Cambio que es un clásico obstáculo que siempre está disponible cuando los humanos en convivencia nos aferramos a lo conocido o todo lo que se encuentra dentro de los límites de nuestras creencias. Si surge algo fuera de esos límites desde otra creencia con formas de ver y hacer diferentes, no existe predisposición y apertura para la escucha y aprendizaje. Aquí juzgamos al cambio “externo” como una amenaza sobre lo que creemos.
- Otro obstáculo relacionado a los anteriores mencionados es el Miedo a lo desconocido, en donde lo conocido está representado por todas nuestras creencias limitantes y lo desconocido viene siendo representado por todas las creencias diferentes y opuestas a la nuestra. Aquí nos cerramos principalmente desde lo emocional a cuestionar y desafiar nuestros límites; y el Aprendizaje Vivencial y Autoaprendizaje no existen como posibilidad para el progreso y bienestar. Nos quedamos atrapados en nuestras interpretaciones, suposiciones y juicios de invalidación a lo desconocido (es decir, a lo diferente y opuesto); en su mayoría sin fundamento al no habernos permitido siquiera establecer una mínima convivencia constatadora por los territorios de esas creencias diferentes y opuestas a las nuestras.
- Igualmente desde estar aferrados a nuestras creencias limitantes y ante una excepcional “obligación coyuntural impuesta de alguna forma” de colaborar “a la fuerza” con creencias diferentes y antagónicas, surge desde lo emocional el miedo al fracaso o a perder por la no validación de la competitividad de lo diferente. Aquí si bien colaborar con lo desconocido – diferente genera parte de ese miedo a fracasar al saturarnos de incertidumbres y suposiciones sobre lo que podría pasar en el futuro, la desconfianza generalizada también juega su parte generándose desde ésta acciones inefectivas con resultados insatisfactorios. Desde este lugar; ya se parte de una profunda predisposición al fracaso o pérdida prácticamente condenada con la “suerte echada” y la convivencia que desde el arranque está condicionada por la invalidación en gran medida infundada, se reduce o minimiza a “victimizarse” “sacar cuerpo” “no asumir las consecuencias de sus acciones” “búsqueda y señalamiento de culpables y culpabilidades” “cero responsabilidad y compromiso” “polarización y violencia” “desintegración y autodestrucción”.
- Un obstáculo significativo que tenemos aquí es la ausencia de capacidad para el desaprendizaje. Al convertirnos en una convivencia polarizada por el aferramiento a nuestras creencias limitantes (a lo conocido), nos ponemos a la defensiva desde el temor de que nos impongan o absorban o cuestionen formas diferentes. O que vayamos en contra de o finalmente perdamos nuestra identidad, valores, autoestima y estatus alcanzado en la sociedad; si tan solo nos abriéramos a la posibilidad de soltar todo lo que hemos aprendido desde nuestras creencias limitantes y nos pusiéramos en foja cero para volver a aprender todo de nuevo de otra forma o formas tal vez podríamos convertir nuestras creencias limitantes en creencias transformadoras. Sin embargo; desde los límites (o podríamos decir también limitaciones) de nuestras creencias, el desaprendizaje no existe como posibilidad sino más bien como una amenaza que podría cuestionar lo más sagrado de dichas creencias cuyas bases “no se tocan” (y mejor no mirarlas mucho, menos conciencia aquí es mejor) y a su vez también despierta mucho temor al remover sus cimientos y dejarla expuesta ante otras creencias antagónicas. Desde este lugar; pareciera ser que nuestras creencias limitantes “nos facilitan” zonas de confort en las que abundan cegueras e inconsciencias que nos resultan muy cómodas y de las que “aplicando la ley del menor esfuerzo” no queremos salir, eligiendo aquí “quizás con más conciencia” seguir viviendo con más inconsciencia para que “el poder externo que representan estas creencias limitantes para nosotros” se haga cargo de todo mientras que nosotros “espectadores de lujo” dejamos que transcurra la vida, siendo claro está (para que complicarnos) indiferentes y egoístas con cualquier creencia que sea diferente y antagonista a la nuestra. Llegando en último término, a una convivencia humana basada en un “conformismo” generalizado para seguir viviendo sin mirarnos ni cuestionarnos y totalmente cerrados al camino del Autoaprendizaje.
- Dejarse atrapar o poseer por creencias limitantes desde las que fácilmente se puede caer en la trampa de la “resignación” que es una elección de vida en donde los humanos en convivencia son conscientes de que sus formas de vivir y convivir podrían cambiar pero al no saber cómo hacerlo finalmente no hacen nada y entregan su poder de ser protagonistas de sus vidas a esas creencias limitantes que los constituyen. Convirtiéndose finalmente en “meros” espectadores de cómo sus creencias limitantes se hacen cargo de sus vidas; dándoles sus formas de ser y hacer, y llevándolos por donde quieran llevarlos.
- Finalmente tenemos algunos obstáculos más como lo son la intolerancia, invalidación e incompetencia relacional humana en su convivencia con formas de ser y hacer diferentes. Lo que implica estar llenos de ceguera cognitiva (no sabemos que nos sabemos, no reconocemos nuestras ignorancias, no existe apertura al aprendizaje) y enceguecidos por prejuicios, juicios, “suposiciones” e “interpretaciones de otras personas” que invalidan y descalifican a personas y organizaciones con creencias diferentes y antagónicas. Dichos juicios descalificadores son en gran medida infundados, no existen evidencias y no nos constan. Sin embargo, igual los “compramos” de terceros como por ejemplo; los medios de comunicación, periodistas, funcionarios públicos, empresarios, líderes, opinólogos, cualquier otra persona…que hablen “en contra o negativamente” de esas creencias diferentes y opuestas; eso sí, que no hablen mal de nuestras creencias porque ahí sí que no te compro nada y fácil te hago una denuncia por declarar sin pruebas. Al final todas esas opiniones o juicios que compramos las hacemos nuestras sin ningún filtro de nuestra escucha ni verificación de los hechos o evidencias que las fundamenten (aquí tenemos un ejemplo de obstáculo que nos remite a un hábito humano irresponsable y de incompetencia comunicacional). En último término; aquí tenemos una convivencia humana basada en la incapacidad para escuchar y validar lo diferente, y en el no desarrollo de sus habilidades/competencias personales que puede evidenciarse como lo mencione en un ejemplo anterior en la incompetencia que tienen los humanos para comunicarse con eficacia desde sus creencias.
Aquí te dejo algunas preguntas reflexivas para que sigas ampliando tú conciencia y encuentres tus propias respuestas que luego, como parte fundamental de tú caminar por el Autoaprendizaje, debes hacer evidente generando acciones (hábitos) diferentes para obtener resultados diferentes… ¿Qué creencias limitantes te reconoces? ¿Qué te impide reconocer otras creencias diferentes a la tuya? ¿Cuáles son los fundamentos de esos juicios que tienes sobre esas creencias diferentes? ¿Con qué autoridad juzgas formas de ser y hacer diferentes? ¿Quién eres tú para hacerlo? ¿Hasta cuándo te vas a seguir aferrando a creencias que reconoces te limitan a nivel personal y relacional? ¿Qué les estás generando a personas que tienen creencias diferentes? ¿De qué creencias limitantes necesitas desprenderte para convertirte en agente del cambio de tú vida, de tus organizaciones, de tú país? ¿Cuál de tus creencias limitantes puedes comenzar a convertirla en una creencia transformadora? ¿Qué creencia transformadora puedes empezar a desarrollar e incorporar en tú vida para seguir mejorando a nivel personal y relacional? ¿Cuándo empiezas? ¿Cuándo será visible para todos?…
Dale, depende de ti…El poder de cambiar las cosas lo tienes dentro tuyo no fuera de ti y tienes con qué hacerlo, “El Cambio de tú País y Cultura empieza primero por tú Cambio Personal”…
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